¿Y si el mundo fuera (un) plano? Con los Ojos Abiertos

El Diamante Blanco

Desde junio en adelante la Tierra se paralizará. No importará más la crisis griega, el destino del euro, el bicentenario, la erupción de un volcán. El mundo experimentará un devenir esférico: el fútbol dominará todo y a casi todos. Será la consagración del mundo devenido en espectáculo global, aunque no hay que desestimar la pasión por el fútbol, pues este fervor casi mítico estimula zonas sensibles que exceden al desaire característico de los intelectuales o los supuestos defensores de la alta cultura frente a un deporte popular. En efecto, la esencia de lo popular se trasluce y vibra en este deporte, más allá del negocio que representa el fútbol y sus múltiples traiciones. La pelota, a menudo, sí se mancha. ¿No sucede algo similar con el cine? ¿No es el cine una pasión de multitudes? ¿No suele el cine ser mancillado por tantas variables que van más allá del cine? El plano también se mancha.

Lo cierto es que el cine ha sido siempre una fuente de conocimiento y no sólo de entretenimiento. El plano cinematográfico, la unidad básica de cualquier película, revela algo de nuestro mundo y de cómo los hombres vivimos en él. La programación del cineclub ha sido siempre en su concepción una especie de mundial visual y sonoro.

Es decir, hemos buscado combinar cinematografías diversas que den cuenta de las diferencias y semejanzas en los modos de amar, luchar, trabajar, crear, resistir, imaginar, jugar. Una película siempre muestra algo del mundo, más allá de su trama y sus intenciones narrativas, y el cómo se muestra siempre resulta edificante e interesante. Así como podemos constatar que la velocidad de traslado de pelota varía de un equipo europeo a uno sudamericano o africano, del mismo modo, quien se anime a ver cine más allá del imperio de Hollywood descubrirá que el tratamiento del plano cinematográfico puede ser muy distinto en el cine tailandés, senegalés, francés o australiano. Si el secreto de un mundial pasa por reconocer cómo una pasión por un juego se experimenta de muchas maneras, el secreto a la hora de ver cine pasa por aprender a mirar de muchas maneras el misterio y la belleza de las imágenes móviles (y sonoras), eso que llamamos todavía cine.

Roger Alan Koza, programador. 

 

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